Al Pie de la Montaña

Desvelos de un tecolote loco

UN POCO DE HISTORIA (mi primer vuelo sólo)

El día 28 de mayo de 1971 la Ciudad de México amaneció diáfana y fresca, al sur, en el horizonte el Popo y el Izta yacían inmutables. Despegué del Aeropuerto Benito Juárez a bordo de un Cessna 140, su matrícula: XB KII; a mi lado venía el Cap. Jorge Villarreal González Cosío, a la sazón mi instructor de vuelo. Nuestro plan de vuelo señalaba que efectuaríamos prácticas en los llanos de Chimalhuacan. Ese día quedó tatuado en mi memoria con tinta de fuego y te voy a relatar por qué.

Cierro los ojos y puedo palpar con mis sentidos aquel instante en que me acomodé en el asiento del pequeño avión; olía a combustible, a sudor humano, a tela ajada por el paso del tiempo. Luego me contemplo en otra escena: Antes de entrar a la inmensa pista 5 derecha cuando me indicó la torre de control que esperara a que aterrizaran dos Jumbos.

Uno a uno llegaron, descomunales, con sus racimos de ruedas colgantes y sus cabinas tan altas como edificios. Los mastodontes bajaron con lentitud asombrosa, casi flotando. Frente a mis ojos tallaron el caucho de sus llantas en un rasgón humeante y se perdieron de vista.  La perplejidad de mis 20 años, se convirtió en un anhelo ferviente y en una esperanza de que la fortuna me llevara algún día a pilotear alguna de aquellas bestias seductoras.P1010109

Soñaba, soñaba mucho, quizá tanto que descuidaba mis deberes como piloto estudiante, la torre de control aquel día me llamaba ¿dónde estaba yo?… Súbitamente recuerdo un codazo y la voz de mi instructor desesperado “¡Adelante, entra a la pista!… ¡te llama la Torre de Control!… ¡estas libre para despegar!”

Ya en Chimalhuacan, el Capi Villarreal me pide aterrizar y estacionarme, mi corazón da un vuelco, comienzo a sospechar que posiblemente me deje volar solo por primera vez. No me equivoco, sin mucho preámbulo me dice “Vete, realiza un patrón de tráfico y aterriza.”

Hundí el acelerador a máxima potencia, el avión se lanzó sobre aquel llano de terracería, conforme ganó velocidad se hizo más liviano y luego con la suavidad de una caricia, acercando a mi pecho el manubrio conjuré a las fuerzas del universo para realizar mi primer milagro: ¡estaba volando!, me inmiscuía deslumbrado en el mundo de lo etéreo, en el universo de los ángeles. Fue entonces cuando poseído de una gran exaltación grité con todas mis fuerzas, fue un alarido desgarrador de pura energía y de una alegría incontenible. Mi sueño se materializaba, continué ascendiendo, en tanto que mis ojos se arrasaban de lágrimas. Todo el patrón de tráfico era diferente ahora, no había en aquel cielo límpido más que dos entes fundidos en uno, el avión y yo, el metal y la carne. Aquel Cessna 140 fue el vehículo sagrado que me permitió ese día transfigurarme en creyente.

Cuando aterricé y vi la sonrisa complacida de mi instructor, me di cuenta de que él conocía ya mi verdad. El viejo zorro del aire, sabía que yo ya no sería nunca más el mismo.

Aquel acontecimiento ocurrió hace 38 años y lo celebro y lo comparto hoy contigo porque me nace decirte lo que llevo dentro. Un piloto jamás olvida este día. Yo lo llamo “El Día”, así, con mayúscula, porque a partir de entonces mi vida cambió, antes fui crisálida y desde aquel acontecimiento pude dejar atrás la mortaja paralizante de mi propio peso, esa carga que me conminaba a arrastrarme, ese virus que me carcomía los sueños. Fue a partir de aquel momento histórico en que pude volar sin ayuda de nadie cuando nací, abandoné mi carcasa y encaré la creación como un paraíso recuperado, como un arrobamiento cósmico, explosivo, donde todo yo me volteaba como un guante, como una espiga que arroja al mundo sus semillas en un espasmo de éxtasis. Desde entonces lucho por hacer honor a ese gran privilegio.

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9 agosto 2009 Posted by | 1, Bitácora del día | , , , , , , , , , , , , , , , | 2 comentarios